Se habla y mucho sobre la digitalización de las empresas y del viaje hacia las compañías 4.0, pero todo este discurso, ¿es real en el día a día de las empresas o se centra sólo y básicamente en los opinadores de la red?

De igual manera que ocurre con las barreras arquitectónicas en las urbes dónde todos somos conscientes de la necesidad de eliminarlas, pero la realidad es que convivir con aceras sin acceso para sillas, mobiliario urbano en medio de los pocos carriles bici, estacionamiento anárquico de las motocicletas, escalones para superar pequeños terraplenes, y tantos ejemplos más, en el ámbito empresarial ocurre lo mismo entorno de la digitalización.
En el quehacer diario de las empresas se ven abocadas a hábitos, costumbres y falsas creencias que restan puntos a la supuesta digitalización de forma general y generalizada de las empresas.
A pesar de que en los comentarios de sobremesa todos estamos de acuerdo con los opinadores de la red, la realidad, como siempre, es mucho más tozuda de lo deseable.
Existen una serie de escollos que deberemos ser capaces de superar, modelar, gestionar, eliminar, cambiar, para poder entrar definitivamente en el deseado mundo empresarial 4.0
Los principales escollos con los que se encuentra el mundo empresarial sean por cultura de empresa, por cultura de las personas, por falta de visión, por desconocimiento o simplemente por desidia seguramente serian:

• La resistencia al cambio: La resistencia es algo que forma parte de la naturaleza humana, e intentar que las personas y consecuentemente las empresas salgan de su zona de confort resulta en muchas ocasiones una labor básica y un pilar difícil de derrumbar pero que sin acción al respecto se hace imposible la evolución.
Todos habremos oído tópicos como: “siempre se ha hecho de esta manera y hemos llegado hasta aquí, ¿para que deberíamos cambiar?” La pregunta se responde sola y de forma obvia: “hemos llegado hasta aquí y si no hacemos nada seguramente será el final del viaje”.

• La cultura digital: Se trata de abordar un cambio cultural, un proceso humano que va más allá de la propia digitalización. Sin tener que llegar a extremos sectarios hay que realizar y fomentar los esfuerzos y las actitudes necesarias para gozar con la digitalización sin que ello sea ni un sufrimiento ni una adicción.

• El problema de la seguridad digital: El gran volumen de datos que se acumulan ponen en duda la seguridad que ofrece la red. El desarrollo de esta es «imprescindible» para acabar con el miedo y garantizar la fiabilidad. Aunque cada día existen más medios y herramientas que nos brindan la seguridad necesaria para que podamos confiar en muchos “sitios” y así disponer de las garantías y la confianza necesaria para trabajar sin esta preocupación, no significa que digitalización sea sinónimo de red, cloud o big data, la digitalización empieza de puertas adentro, en disponer de las herramientas de gestión adecuadas para la toma de decisiones de forma rápida, segura y asertiva.

• Las soluciones históricas: Las organizaciones suelen basar sus procesos y sistemas en soluciones históricas que ya han comprobado que funcionan. Es decir, que la introducción de la digitalización como solución puede ser muy lenta, ya que resulta difícil adaptar la empresa al nuevo entorno digital. Junto con la resistencia al cambio que ya hemos comentado, éste punto es de los más significativos en la lenta marcha hacia las compañías 4.0.

Esta mentalidad de que lo comprobado y que lleva años funcionando no lo toquemos y que tan acaloradamente somos capaces de defender, en nuestro entorno particular no lo aplicamos y cada 5-7 años (de media) nos cambiamos el coche y no argumentamos que con el seiscientos de los 70 ya nos basta para lo que hacemos habitualmente. Igual que evolucionamos en el ámbito particular deberíamos realizar esfuerzos individuales y corporativos para aplicar estas máximas en las empresas.

• Los vacíos de la regulación: La rapidez de la digitalización hace que la regulación se quede atrás. De hecho, puede incluso llegar a desincentivar o frenar la revolución digital debido a la incertidumbre jurídica que se puede crear en la población. En este aspecto las agrupaciones empresariales deberían realizar mucha más presión a la administración para que regule la realidad y como en el punto anterior no viva de leyes históricas que ya no se adaptan a la realidad vigente.

• La paradoja de la agilidad: Del entorno digital se espera una respuesta inmediata. Sin embargo, este beneficio se puede convertir en una barrera para su desarrollo, ya que puede someter a mucha presión a la Administración y a las empresas para poder disponer de la agilidad que requiere esta capacidad de reacción.

• Los nuevos talentos: Los cambios que trae la revolución digital exigen nuevos empleos con capacidades distintas a las de hoy en día. Pero estos nuevos talentos no solo los deberá de proporcionar el entorno educativo de forma reglada, sino que todos (empresarios y trabajadores) deberemos asumir que la vida laboral es actualmente una evolución, adaptación, aprendizaje continuo para poder conseguir ya no tan solo los objetivos y metas marcadas sino la supervivencia.

Está en manos de todos, de cada uno de nosotros (seamos empresarios, emprendedores, trabajadores cualificados o no) abrir la mente hacia nuevos horizontes para poder seguir andando hacia el mundo 4.0.

No es necesario marcarse metas muy ambiciosas, que para muchas compañías podrían ser inalcanzables por la falta de base y embarcarse en proyectos muy atractivos como la programación cognitiva o la inteligencia artificial, sino que en la mayoría de compañías solo con proyectos mucho más domésticos como el cloud computing, la implantación de un ECM (Gestión Documental), de un BPM (modelador de procesos) o simplemente de un ERP (Gestor de procesos) actualizado son pasos necesarios para disponer de las bases tecnológicas y a las personas correctas para lanzarnos a proyectos innovadores y gran valor añadido.

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